Descripción del proyecto

La enfermería experta en acceso vascular es una inversión directa en seguridad del paciente
Recientemente se ha publicado la guía de práctica clínica para el paciente adulto en accesos vasculares de la Association for Vascular Access (AVA), en cuya elaboración ha participado. ¿Qué supone para Ud. formar parte de este documento?
Participar en el desarrollo de esta guía ha sido un privilegio y una gran responsabilidad. Las guías de práctica clínica tienen un impacto real en la forma en que se presta la asistencia sanitaria, porque sintetizan la mejor evidencia disponible y la traducen en recomendaciones prácticas para los profesionales. En este caso, hablamos de un documento que aborda desde la selección del dispositivo hasta su mantenimiento y retirada, con el objetivo de mejorar la seguridad del paciente y optimizar el uso de los accesos vasculares. Formar parte de este proceso supone también contribuir a que la experiencia clínica de profesionales de diferentes países se integre en un marco común basado en evidencia.
La guía está organizada en diferentes bloques temáticos que abarcan todo el proceso del acceso vascular. ¿Por qué se decidió estructurarla de esta manera y cuánto tiempo ha llevado desarrollarla?
La estructura de la guía responde a una idea muy clara: abordar el acceso vascular como un proceso clínico completo y no únicamente como un procedimiento técnico. Por eso el documento se organiza en varios volúmenes o bloques que siguen el “ciclo de vida” del dispositivo de acceso vascular. Además, se incluye también un apartado dedicado a aspectos organizativos y de gestión clínica, como la creación de equipos especializados o la formación de los profesionales.
Este enfoque permite que los profesionales encuentren recomendaciones específicas en cada fase del proceso asistencial y facilita que los centros sanitarios puedan implementar las recomendaciones de forma estructurada y progresiva.
La elaboración de una guía de práctica clínica de estas características requiere un importante trabajo de revisión y consenso. ¿Cuánto tiempo se ha dedicado a su desarrollo desde que se inició el proyecto hasta su publicación final?
El tiempo de desarrollo, ha sido un proyecto largo y muy riguroso. El trabajo comenzó en 2021, cuando se puso en marcha el proyecto de elaboración de la guía y se estableció el protocolo metodológico para realizar revisiones sistemáticas de la evidencia científica. A partir de ahí se constituyeron diferentes grupos de trabajo multidisciplinares que analizaron la literatura, evaluaron la calidad de la evidencia y elaboraron las recomendaciones mediante procesos de consenso. Tras varias fases de revisión científica y editorial, el documento final se completó a finales de 2025, después de varios años de trabajo colaborativo internacional.
Este proceso prolongado es habitual en las guías de práctica clínica de alta calidad, ya que su objetivo es garantizar que cada recomendación esté sustentada por la mejor evidencia disponible y que el documento sea transparente, independiente y fiable para los profesionales sanitarios.
En la guía se remarca la importancia de un perfil profesional. Desde su experiencia, ¿hasta qué punto es importante contar con enfermeras con perfil experto en acceso vascular en los centros sanitarios?
Es fundamental. La evidencia demuestra que los equipos especializados en acceso vascular mejoran la seguridad, la eficiencia y los resultados clínicos. Estos equipos, conocidos como vascular access Teams, y en el caso de nuestro país EIAV (Equipos de Infusión y Acceso Vascular,reducen complicaciones como infecciones relacionadas con catéteres o fallos de los dispositivos intravenosos, además de optimizar el uso de recursos sanitarios.
Además, los profesionales especializados suelen tener mayor éxito en inserciones complejas, reducen el número de intentos y minimizan el dolor o las demoras en la atención. Esto repercute directamente en la experiencia del paciente y en la calidad asistencial.
Por tanto, contar con enfermeras expertas no es solo una cuestión organizativa, sino una estrategia clara de mejora de resultados clínicos.
¿Considera que este perfil profesional debería ser un requisito a la hora de formar parte en esas unidades?
En mi opinión, sí. Cada vez es más evidente que el acceso vascular es un campo altamente especializado. No se trata únicamente de insertar un catéter, sino de evaluar la indicación, seleccionar el dispositivo adecuado, preservar el capital venoso del paciente, prevenir complicaciones y garantizar un seguimiento adecuado.
Cuando los centros sanitarios estructuran equipos o puestos específicos para profesionales con formación avanzada en este ámbito, se consigue una mayor estandarización de las prácticas y una reducción significativa de eventos adversos. Además, estos profesionales suelen desempeñar un papel clave en la formación del resto del personal y en el desarrollo de protocolos clínicos.
La guía insiste en la importancia de una valoración clínica integral antes de la inserción de un dispositivo. ¿Por qué es tan relevante este proceso?
Porque la planificación del acceso vascular es una parte esencial del tratamiento. Antes de insertar un dispositivo debemos revisar la historia clínica, los tratamientos previstos, las características del paciente y posibles factores de riesgo.
Esta valoración permite elegir el dispositivo más adecuado y el sitio de inserción más seguro, lo que reduce complicaciones y evita procedimientos innecesarios. En definitiva, el acceso vascular debe entenderse como una decisión clínica estratégica y no como un procedimiento aislado.
En un campo que evoluciona constantemente, ¿qué papel juega la actualización profesional?
La actualización es absolutamente esencial. En acceso vascular aparecen constantemente nuevas evidencias, tecnologías, dispositivos y estrategias de prevención de complicaciones. Si los profesionales no se mantienen al día, existe el riesgo de seguir aplicando prácticas que han quedado obsoletas.
Además, la formación continua permite incorporar herramientas como la ecografía, nuevas técnicas de inserción o estrategias de mantenimiento más seguras. Todo ello contribuye a mejorar los resultados clínicos y a reducir complicaciones como infecciones o trombosis.
¿En qué se traduce, en la práctica, esta actualización y especialización para los pacientes?
Principalmente en mayor seguridad y mejor calidad de la atención. Un acceso vascular adecuado desde el inicio evita múltiples punciones, reduce el dolor, disminuye complicaciones y facilita que el tratamiento se administre de forma eficaz.
También influye en aspectos menos visibles, pero igualmente importantes, como la preservación del capital venoso a largo plazo o la reducción de infecciones relacionadas con catéteres. Al final, todo esto se traduce en menos eventos adversos, menos costes para el sistema sanitario y una mejor experiencia para el paciente.
Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría trasladar a los profesionales sanitarios y a los gestores del sistema sanitario con respecto a la importancia de este documento y la necesidad de perfiles específicos para estos puestos?
Que el acceso vascular debe considerarse una prioridad clínica y organizativa. Invertir en formación, en equipos especializados y en protocolos basados en evidencia no solo mejora la práctica profesional, sino que tiene un impacto directo en la seguridad del paciente.
Las recomendaciones incluidas en la guía de práctica clínica desarrollada por la Association for Vascular Access y publicada en el Journal of the Association for Vascular Access no deberían quedarse únicamente en el papel. Su verdadero valor reside en su implementación en la práctica diaria: en la creación de equipos especializados, en la estandarización de los procesos de selección de dispositivos, en la valoración sistemática del paciente y en la formación continua de los profesionales.
Cuando estas recomendaciones se aplican de forma estructurada, los beneficios son muy claros. Desde el punto de vista del paciente, se incrementa la seguridad, se reducen complicaciones y se mejora la experiencia asistencial. Pero también existen ventajas evidentes para el sistema sanitario: se mejora la calidad de la atención, disminuyen los eventos adversos y se optimiza el uso de recursos, lo que se traduce en una reducción de estancias hospitalarias, de procedimientos innecesarios y, en consecuencia, de costes asociados a las complicaciones.
Además, uno de los mensajes más importantes que debemos recordar es que el acceso vascular siempre debe ser una decisión clínica justificada. Evaluar la necesidad real del dispositivo, revisar periódicamente su indicación y retirarlo cuando deja de ser necesario forma parte de una práctica responsable.
Al final, todo esto se resume en una idea muy sencilla pero muy poderosa: el único catéter que no tiene complicaciones es aquel que no se inserta. Por eso es tan importante planificar bien, seleccionar el dispositivo adecuado y garantizar que cada acceso vascular tenga una indicación clara, un seguimiento adecuado y una retirada oportuna. Solo así podremos ofrecer una atención realmente segura, eficiente y centrada en el paciente.